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viernes, 24 de abril de 2015

SIERRA DE LAS VILLAS (JAÉN): LANCHA DE LA CIGARRA (ESPINARES)





EL LATIDO DE LA SIERRA


Nao sé si he estado en el corazón, pero el latido lo note. Pocos podrán describir mejor el lugar por donde hoy nos hemos aventurado. Las paginas 370-375 del Gran Libro de la Sierra de las Villas narran pluscuamperfectamente este CORAZÓN de las Villas. Lugar de paso para lograr la mayor cumbre, el Pedro Miguel. Jamás imaginé lo que desde ahí arriba podría contemplar, si en un momento dije que el morrón del cerezo lo creía el mejor “balcón” de esta sierra, el lugar que nos ocupa es sin duda alguna “la azotea”, al menos, a mí, así me lo parece.










Si abrimos algún mapa al uso, este lugar lo encontraremos descrito como la lancha del lobo, lo digo ahora, desde el principio, para evitar malinterpretaciones. Personalmente doy más crédito a quién se pateó la sierra preguntando a la gente que aún por aquí vivía. Por tanto, nos referiremos al lugar como Lancha de la Cigarra en un sentido amplio, a la porción de terreno que abarca de S a N, desde la cerrada de San Ginés hasta el surco que hace el Aguascebas grande para salir al bonito paraje de la cueva del Peinero y de E a O desde la pista que asciende hacia el collado Perenoso y después vuelca por las Nogueras hasta la carretera transversal de la sierra que la limita del poyo de Gil Cobo. En un sentido más estricto, me referiré como Lancha de los Espinares, a la porción de la Lancha de la Cigarra que abarca desde la cerrada de San Ginés hasta el collado del Perenoso y que se corresponde con el recorrido del arroyo de los Espinares, y esto es lo que nosotros hemos pateado. Y no nos inventamos nada de esto, sino que al subir aquí y mirar lo vemos claro, lo que en un libro se escribió, ahora toma forma y sentido.






Y cobra sentido, mucho sentido, lo de CORAZÓN. No porque este sea el centro geográfico, ni porque aquí la humanización de la sierra se afianzara, sino porque hemos escuchado el LATIDO, con fuerza, lleno, tan lleno que nos conformó con la corta ruta que aquí nos trajo, suficiente tuvimos con lo que vimos y escuchamos, tuvimos a tiro de piedra el Pedro Miguel y la morra del cerezo, pero desistimos, cedimos al impulso cimero para que el buen sabor que esta lancha nos dejó, perdurara y nada lo modificara.

Y si, supimos que estábamos en el corazón de la sierra de las Villas porque la oímos latir, y donde más latía con fuerza era donde un solitario laricio vigila el collado que allí generosamente se forma, aunque bien herido por un colosal resiego, soporta lo insoportable de estas cumbres, marcando el ritmo sinusal.






La sierra está viva, la sierra laté,   
      tras años de trasiego, de andar de allá para acá, 
      buscando en cada revuelta, hurgando en cada recodo, 
      al fin, encontré lo que seguía. 
      Pronto supe que me hallaba en el corazón, 
      simplemente porqué escuché como latía. 




LA RUTA



DATOS DE LA RUTA
Denominación
LANCHA DE LA CIGARRA
Ubicación Jaén. Sierra de las Villas (TM de Villacarrillo)
Itinerario
Área recreativa de Gil Cobo-cerrada de San Ginés-prao de los 
Espinares-collado Perenoso-lancha de los Espinares-
pino de la Cigarra-cortijo de la paridera-cerrada de San Ginés-
Área recreativa de Gil Cobo

Distancia 10,12 km
Tiempo 5 h
Fecha
25 de abril de 2015
Desnivel positivo 468 m
Enlace al track de wikiloc

Arrancamos la marcha en el área recreativa que hicieron allí, por donde Gil Cobo se ganaba la vida en otros tiempos. Nos dirigimos a la coqueta cerrada de San Ginés por donde el Aguacebas de Gil Cobo aún baja sosegado, aunque ya algo inquieto, ante el inminente descenso a caída libre que le espera unos metros más adelante, hasta que se entrega a su homónimo Grande, allá por el paraje de la herradura. Avanzamos animosos por el camino que se abre entre los cortados que caen desde las cumbres, esta grieta separa las lanchas de la cigarra que queda a la izquierda de la lancha de la Escalera por nuestra derecha. Llegamos al "prao" de los Espinares, por aquí todo toma el mismo nombre, como tanto se repite por esta sierra, el arroyo, la lancha que recorreremos, el cortijo, todo menos la fuente que mantiene la simpleza toponímica de la fuente de la teja. En el "prao" tomamos el camino de la izquierda que nos guiará en nuestra derrota, por la derecha llegaríamos a Jabalcaballo que reservamos para otra ocasión.






Comienza el camino a tirar hacia arriba, oteando en el horizonte el collado que buscamos, hacia la mitad, es obligado girarnos, para divisar la silueta de la morra del cerezo que cierra este valle por el S. 




Alcanzamos el collado Perenoso, por donde en otras ocasiones hemos entrado en los dominios del Pedro Miguel, pero en esta ocasión nos vamos en dirección contraria, hacia la izquierda y sin sendero marcado, tan solo las trazas de las ovejas nos conducen por el mejor camino. Llegamos hasta un primer escalón que ya nos enseña el colosal peñasco que se presenta enfrente y que por estas tierras no es Blanquilo, sini Pedro Miguel, máxima altura de la sierra en la que nos encontramos y su coqueto portillo que permite acceder a la bonita cañada que antecede la cima. Continuamos el empinado ascenso hasta lograr la cima que por este lado se alcanza y que, a la postre, es la mayor de toda la lancha.
Y supongo que este debe ser el corazón que nos cuenta el Jesuita en sus escritos, y no el mio, que se me sale del esfuerzo, o tal vez de la emoción de alcanzar con la vista la mayoría de lo que hay que ver en esta abrupta, escueta, grandísima y querida sierra de las Villas.




Desde la cima en la que me encuentro, una cresta abismal nos lleva bordeando el filo rocoso que tiene por debajo el poyo de Gil Cobo. Cuando la cresta se va agotando ya sabemos la causa, se va formando el collado de la cigarra, el que permitía subir a estas navillas desde abajo directamente. Es pues el momento de descolgarnos y enfrentarnos al nodo sinusal de esta sierra. Si la lancha de la cigarra la consideró Gómez Muñoz, muy acertadamente, el corazón de la sierra de las villas, el pino laricio de la Cigarra es con seguridad el marcapasos, de donde fluye la energía para inducir el latido de la naturaleza.




Lo vemos, lo medimos y, aunque no nos sorprende la altura (16 m aproximadamente), si que nos pasma su circunferencia (5, 47 m a 1,30 m de altura desde la base). Teniendo en cuenta la gran herida que presenta, un enorme resiego en el que cabe una persona, algunos centímetros más ganaría su perímetro real. Finalmente, tras entretenernos por allí y mirando hacia abajo,al poyo de Gil Cobo, percibimos claramente por donde subía probablemente la antigua senda que por aquí pasaba para cambiar de vertiente de la misma lancha.






Desde nuestra posición, decidimos adentramos algo más, hasta encontrar el balcón perfecto de esta lancha; justo debajo las choperas nos delatan el área recreativa desde donde partimos y, delante se completa la panorámica con la Traviesa, el raso de la escalera por encima y el collado del pocico por la derecha, asombroso.




Regresamos de nuevo a la posición de nuestro gran laricio y, por allí, volcamos por donde iría la senda, por el collado que se forma, para descender hacia los espinares por un lapiaz complicado de andar. Por fin llegamos al cortijo, que llamaban de la "pariera", casi nada queda de él salvo la era que lo delata y algún pilar de los que lo sostenían. Allí, dominando el morro que aquí se forma, sobre los campos de labor que pudieron ganar al torcal, con la mirada puesta en la morra del cerezo, construyeron su casa y vivieron algunas gentes. Un poco más abajo, la tiná donde guardaban las ovejas y que antecede a la salida que tiene la senda, ahora si, en el prao de los espinares, donde la bifurcación del inicio. Desde aquí, un suave descenso, llenos de satisfacción por la experiencia y por la cerrada de San Ginés nos devuelve al punto de inicio. 











casetas de los cerros de Santa María y de Navazalto