Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Sierra de las Villas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sierra de las Villas. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de abril de 2017

Toponímia "Villana" (01): COLLADO DEL MUERTO


Parece que toma su nombre del hallazgo, en sus inmediaciones, del cadáver de un guarda con su carabina, en el interior de un tronco seco.(Fuente: El gran libro de la sierra de las Villas. Gómez Muñoz, José) 





Se encuentra ubicado a mitad de camino en la antigua senda que une la fuente colorá con la hoya de la zamarrilla y la fuente del tejo; en esta dirección (la de la fotografía) a su derecha de encontraría la morra de la torca, y a su izquierda, la morra de los cerezos. En algunos mapas como el Alpina se encuentra desubicado, quedando marcado junto a la pista que une Gil Cobo con Jabalcaballo, en lo que se denomina collado Morenillo. 





El collado del muerto es uno de los mejores accesos a la Morra de los Cerezos y, muy cerca, en la base de la otra morra, la de la torca, se encuentra una relevante sima (al menos en apariencia, con asomarme ya tuve suficiente). La morra de los cerezos es, en mi opinión, uno de los balcones más bonitos y privilegiados de la sierra "villana".

sábado, 8 de agosto de 2015

SIERRA DE LAS VILLAS (JAÉN): EMOCIONANTE PERIPLO POR EL MACIZO DE LOS VÍLCHETES


Vértice geodésico de los Vílchetes (curiosamente no es el punto más elevado de la zona)


VÍLCHETES (y no Vilchetes...)


El destino hoy caminaba por otros derroteros, las fotografías que pudiéramos robar al paisaje para el recuerdo, pasarían a segundo plano; la desagradable sudoración pegajosa secundaria al esfuerzo, también.  Al bajar del coche el sentimiento fue compartido, bufffff ¡que bochorno!. Y es que los 23 º C que marcaba el termómetro y nos auguraban una fresquita y agradable mañana se tronaba en desilusión por la sensación húmeda del ambiente y por el cariz del horizonte, que no vaticinaba buenas imágenes..
Partía quién suscribe estas líneas con ventaja respecto a mis compañeros de aventura, no había preparado adecuadamente el track  de la ruta prevista, pero había repasado algunas páginas de las tantas derrochadas por Gómez Muñoz sobre esta sierra, concrétamente las que referían a esta macizo de los Vílchetes que tantas veces pensé en acometer, por eso, conforme ascendíamos la lancha del Montón por la vieja senda, comentábamos algunos errores de los mapas y también nombres curiosos de ubicaciones por la zona.


"pará" de Vaco


Navazalto desde el morro de piedra Nativa


cortijo de la escalera (mal reflejado en los mapas como de los Vílchetes)



Jamás pensé toparme con el personaje, con Juan, el pastor del cortijo de la escalera, el mismo que puso al día al jesuita hace un porrón de años y quedó reflejado en sus escritos. Y allí estaba, donde tenía que estar, en su huerto, recogiendo sus "tesoros". Y allí mismo departimos en una amable charla en la que nos confirmó los nombres de la zona que ya traíamos, en la que nos contó una sorprendente historia que había oído de su madre en relación al lugar conocido por aquí como la cruz de Colín, sorprendentemente no recogida por quién por aquí anduvo y luego lo escribió hace ya algunos años, y que viene a confirmar que este tipo de topónimos en los que se presencia la cruz, están relacionados con sucesos luctuosos. Y nos dijo por dónde ir, y lo que había más allá, y que su familia venía de abajo, dela zona de la Osera, y nos regaló un tomate de su huerto que nos supo a gloria en el almuerzo.



los aventureros con Juan (fotografía gentileza de Jose Andrés)


cortijo de la escalera y el huerto donde dejamos a Juan


Este inesperado acontecimiento veló, en cierta medida, lo más interesante, a priori, de la ruta: cruzar los túneles de la vieja conducción de aguas del Aguascebas a la Loma. Una empresa que José Andrés había realizado hacía tiempo y de la que nos preocupaba la incertidumbre por el posible deterioro que aquello habría sufrido. Indudablemente que cruzar todos aquellos túneles, creo que quince, algunos de ellos interminables, acompañados de la fauna de la oscuridad, fue una experiencia emocionante, muy emocionante, algunos tramos indescriptibles, pero tengo que confesar que durante todo el camino no pude quitarme de la cabeza a Juan en su huerto, disfrutando como nosotros de la conversación. Le prometimos volver y echar otro ratico, seguro que será muy satisfactorio. Por cierto, en varias ocasiones ha sido tema de conversación la forma de pronunciación del lugar, si Vilchetes o si Vílchetes. Solo con escuchar a Juan salimos de dudas: ¡CON TILDE! Otra “tontá” resuelta.


entrando en una de las bocas de túnel



zona del "puente" donde la conducción se hace exterior (fotografía gentileza de Jose Andrés)


No puedo acabar sin aludir a un comentario y razonamiento, profano, claro está, que surgió repetidamente a lo largo del trayecto, especialmente por la zona de los túneles. ¿Como no aprovechar esta bellísima y espectacular zona como reclamo turístico?. Dentro de poco será imposible pasar por aquí. Una planificada actuación, respetuosa con el medio, puede dejarnos senderos insospechables que nada tienen que envidiar a otros sobrevalorados de reciente arreglo y apertura. A veces ya no sé si somos los mejores del mundo a la hora de conservar la naturaleza en su estado más puro, o los más idiotas al no aprovechar recursos que nos ofrece y rentabilizarlos de una manera sostenible.

Pues nada, ¡enhorabuena Arroyo frío!  








Juan vivió siempre allí.Tiene 83 años, nos dijo.   
Tuvo trece hijos con su mujer que hace quince años le falta, 
      con sorna serrana, nos contó el suceso de la Cruz de Colín. 
      Prometimos volver y enseñarle que los libros hablan de él. 
      



LA RUTA



DATOS DE LA RUTA
Denominación
MACIZO DE LOS VÍLCHETES
Ubicación Jaén. Sierra de las Villas (TM de Villacarrillo)
Itinerario
Área recreativa del Aguascebas-lancha del Montón-cortijo de 
la escalera-VG de los Vílchetes-cortijo de los Vílchetes-
mirador de los frailezuelos-túneles de conducción del agua-
paso del aguardentero-Área recreativa del Aguascebas

Distancia 14 km
Tiempo 5 h
Fecha
08 de agosto de 2015
Desnivel positivo 400 m
Enlace al track de wikiloc


Ruta, para realizar en media jornada, no tiene excesiva complicación en cuanto al esfuerzo ni orientación aunque si respecto a riesgos sobrevenidos y a las propias sensaciones de cada uno. Recomiendo valorar prudentemente antes de realizarla, ya que un eventual rescate en la zona de los túneles se antoja complicado.
Además, en dicho trayecto por los túneles, aunque unidireccional y sin posibilidad de extravío, entraña toparse en el interior con bancos de mosquitos y arañas, ser sobrevolado por murciélagos y cruzarse con sapos, ranas, babosas, etc., habitantes de la oscuridad. Algunos tramos se hacen interminables, especialmente el 7 y el 10 (están marcados a la entrada) por lo que se debe conservar el aplomo para evitar la desesperación derivada de la oscuridad. Puede haber derrumbes y desprendimientos que cambien las condiciones de la ruta, aquello se encuentra en situación de abandono absoluto y algunas casetas medio demolidas por caídas de piedras. En el interior no apreciamos riesgos, aunque ello no puede descartarse en adelante por la ausencia de mantenimiento. Es recomendable llevar un casco ya que en tramos baja la altura considerablemente y en otras se estrecha mucho. En nuestro recorrido solo apreciamos un paso exterior en la última parte de la ruta con riesgo, debido al deslizamiento de la ladera sobre el camino, aunque con mucho cuidado pudimos sortearlo sin mucha dificultad, en un futuro puede representar un riesgo mayor.
Comenzamos a caminar en el área recreativa - aparcamiento del embalse de Aguascebas (Guarondo), subimos un par de cientos de metros por la carretera hasta el collado Caracho (Mojonera) de donde parte la senda, gemela a la de la cuesta de Navazalto y que servía para salir y entrar de la sierra. Ganamos altura por la lancha del Montón con la senda bien definida. Alcanzamos primero una nava considerable, se trata de la cruz de Colín, si nos volvemos tendremos buenas vistas de la Morra, el tranco del Acebo, la lancha Candiles y la zona de la Palomera.
Continuamos ascendiendo entre pinares y vegetación propia del monte hasta una nueva y amplia nava que nos anticipa el collado, se trata de la "pará" del vaco, lugar donde juntaban las reses antes de volcar a la otra vertiente. Un poco más adelante pasamos por una formaciones rocosas que quedan a la izquierda conocida como las cuevecillas que, ahora si, nos desembocan en el collado. A la izquierda de este, según el sentido de la marcha, queda el punto más elevado de este macizo de Vílchetes, la conocida como Piedra Nativa (Alto del Roble de los balazos, según algunos mapas). Nos vamos a la derecha que es donde está lo interesante, el filo de la bandera, en el morro de piedra nativa desde donde se contemplan unas magníficas vistas del barranco de la Osera y del macizo de Navazalto.




desde la cruz de Colín


por las cuevecillas


Navazalto


Descendemos hacia la cañada y nos topamos con el hermoso cortijo de la Escalera (de los Vílchetes en algunos mapas), un dócil mastín da la voz de alarma y encontramos a Juan, una nuera y una nieta, en el huerto con los que nos detenemos a charlar un buen rato.
Continuamos, visitando las fuentes y atravesando la cañada entre el rebaño de ovejas soliviantadas por nuestra presencia para ascender rápida y cómodamente hasta el vértice geodésico Vílchetes, donde almorzamos en un buen mirador.


cañada


cortijo de los Vílchetes y casas de los ingenieros desde el VG de los Vílchetes


Buscamos sin senda el cauce del arroyo de la escalera para encontrar por su margen derecha desde su inicio la vieja senda que por aquí bajaba, senda clara y límpia que se dirige a un collado divisorio atravesado por un bien conservado tramo del camino que desciende buscando, ahora si, el cortijo de los Vílchetes, más bien cortijada, situada justo debajo de la elevación donde se sitúa el V.G.
El camino rodea la cortijada evitando la zona de huertos y de dirige, buscando la carretera asfaltada que alcanza, tras pasar por la hoya de los nevazos, a la altura de los Frailezuelos, donde hicieron un buen cortijo y existe un buen mirador.
Tomamos la carretera divisando a la izquierda, en lo hondo del olivar, el cortijo del Rincón, tras un par de cientos de metros, se desprende a la derecha un carril olivarero que siguiéndolo conectará con el sendero de los túneles, por donde ya no caminaremos tan cómodamente debido a la abundante vegetación que debemos ir sorteando.


cortijada de los Vílchetes


los frailezuelos



Comenzamos a atravesar túneles sucesivamente, uno tras otro, algunos interminables. Hacia la mitad existe un puente de arcos que no tiene complicación cruzarlo salvo para quienes tengan vértigo, ya que las protecciones laterales se han perdido en gran parte.


primera porción de túneles


interior de un túnel (fotografía cortesía de Jose Andrés)


segunda porción de túneles


Finalmente conectamos con el sendero de la Osera, primero justo debajo del paso del aguardentero, pero si continuamos hacia el siguiente túnel, evitamos el paso y salimos por encima de las ramblillas (por donde el cortijo del sordo que nos corrigió de posición Juan). De allí, continuando este sendero, llegamos sin dificultad a la carretera por donde las casillas del pantano, justo donde dejamos el vehículo.


Guarondo (embalse de los Aguascebas)






















    




viernes, 24 de abril de 2015

SIERRA DE LAS VILLAS (JAÉN): LANCHA DE LA CIGARRA (ESPINARES)





EL LATIDO DE LA SIERRA


Nao sé si he estado en el corazón, pero el latido lo note. Pocos podrán describir mejor el lugar por donde hoy nos hemos aventurado. Las paginas 370-375 del Gran Libro de la Sierra de las Villas narran pluscuamperfectamente este CORAZÓN de las Villas. Lugar de paso para lograr la mayor cumbre, el Pedro Miguel. Jamás imaginé lo que desde ahí arriba podría contemplar, si en un momento dije que el morrón del cerezo lo creía el mejor “balcón” de esta sierra, el lugar que nos ocupa es sin duda alguna “la azotea”, al menos, a mí, así me lo parece.










Si abrimos algún mapa al uso, este lugar lo encontraremos descrito como la lancha del lobo, lo digo ahora, desde el principio, para evitar malinterpretaciones. Personalmente doy más crédito a quién se pateó la sierra preguntando a la gente que aún por aquí vivía. Por tanto, nos referiremos al lugar como Lancha de la Cigarra en un sentido amplio, a la porción de terreno que abarca de S a N, desde la cerrada de San Ginés hasta el surco que hace el Aguascebas grande para salir al bonito paraje de la cueva del Peinero y de E a O desde la pista que asciende hacia el collado Perenoso y después vuelca por las Nogueras hasta la carretera transversal de la sierra que la limita del poyo de Gil Cobo. En un sentido más estricto, me referiré como Lancha de los Espinares, a la porción de la Lancha de la Cigarra que abarca desde la cerrada de San Ginés hasta el collado del Perenoso y que se corresponde con el recorrido del arroyo de los Espinares, y esto es lo que nosotros hemos pateado. Y no nos inventamos nada de esto, sino que al subir aquí y mirar lo vemos claro, lo que en un libro se escribió, ahora toma forma y sentido.






Y cobra sentido, mucho sentido, lo de CORAZÓN. No porque este sea el centro geográfico, ni porque aquí la humanización de la sierra se afianzara, sino porque hemos escuchado el LATIDO, con fuerza, lleno, tan lleno que nos conformó con la corta ruta que aquí nos trajo, suficiente tuvimos con lo que vimos y escuchamos, tuvimos a tiro de piedra el Pedro Miguel y la morra del cerezo, pero desistimos, cedimos al impulso cimero para que el buen sabor que esta lancha nos dejó, perdurara y nada lo modificara.

Y si, supimos que estábamos en el corazón de la sierra de las Villas porque la oímos latir, y donde más latía con fuerza era donde un solitario laricio vigila el collado que allí generosamente se forma, aunque bien herido por un colosal resiego, soporta lo insoportable de estas cumbres, marcando el ritmo sinusal.






La sierra está viva, la sierra laté,   
      tras años de trasiego, de andar de allá para acá, 
      buscando en cada revuelta, hurgando en cada recodo, 
      al fin, encontré lo que seguía. 
      Pronto supe que me hallaba en el corazón, 
      simplemente porqué escuché como latía. 




LA RUTA



DATOS DE LA RUTA
Denominación
LANCHA DE LA CIGARRA
Ubicación Jaén. Sierra de las Villas (TM de Villacarrillo)
Itinerario
Área recreativa de Gil Cobo-cerrada de San Ginés-prao de los 
Espinares-collado Perenoso-lancha de los Espinares-
pino de la Cigarra-cortijo de la paridera-cerrada de San Ginés-
Área recreativa de Gil Cobo

Distancia 10,12 km
Tiempo 5 h
Fecha
25 de abril de 2015
Desnivel positivo 468 m
Enlace al track de wikiloc

Arrancamos la marcha en el área recreativa que hicieron allí, por donde Gil Cobo se ganaba la vida en otros tiempos. Nos dirigimos a la coqueta cerrada de San Ginés por donde el Aguacebas de Gil Cobo aún baja sosegado, aunque ya algo inquieto, ante el inminente descenso a caída libre que le espera unos metros más adelante, hasta que se entrega a su homónimo Grande, allá por el paraje de la herradura. Avanzamos animosos por el camino que se abre entre los cortados que caen desde las cumbres, esta grieta separa las lanchas de la cigarra que queda a la izquierda de la lancha de la Escalera por nuestra derecha. Llegamos al "prao" de los Espinares, por aquí todo toma el mismo nombre, como tanto se repite por esta sierra, el arroyo, la lancha que recorreremos, el cortijo, todo menos la fuente que mantiene la simpleza toponímica de la fuente de la teja. En el "prao" tomamos el camino de la izquierda que nos guiará en nuestra derrota, por la derecha llegaríamos a Jabalcaballo que reservamos para otra ocasión.






Comienza el camino a tirar hacia arriba, oteando en el horizonte el collado que buscamos, hacia la mitad, es obligado girarnos, para divisar la silueta de la morra del cerezo que cierra este valle por el S. 




Alcanzamos el collado Perenoso, por donde en otras ocasiones hemos entrado en los dominios del Pedro Miguel, pero en esta ocasión nos vamos en dirección contraria, hacia la izquierda y sin sendero marcado, tan solo las trazas de las ovejas nos conducen por el mejor camino. Llegamos hasta un primer escalón que ya nos enseña el colosal peñasco que se presenta enfrente y que por estas tierras no es Blanquilo, sini Pedro Miguel, máxima altura de la sierra en la que nos encontramos y su coqueto portillo que permite acceder a la bonita cañada que antecede la cima. Continuamos el empinado ascenso hasta lograr la cima que por este lado se alcanza y que, a la postre, es la mayor de toda la lancha.
Y supongo que este debe ser el corazón que nos cuenta el Jesuita en sus escritos, y no el mio, que se me sale del esfuerzo, o tal vez de la emoción de alcanzar con la vista la mayoría de lo que hay que ver en esta abrupta, escueta, grandísima y querida sierra de las Villas.




Desde la cima en la que me encuentro, una cresta abismal nos lleva bordeando el filo rocoso que tiene por debajo el poyo de Gil Cobo. Cuando la cresta se va agotando ya sabemos la causa, se va formando el collado de la cigarra, el que permitía subir a estas navillas desde abajo directamente. Es pues el momento de descolgarnos y enfrentarnos al nodo sinusal de esta sierra. Si la lancha de la cigarra la consideró Gómez Muñoz, muy acertadamente, el corazón de la sierra de las villas, el pino laricio de la Cigarra es con seguridad el marcapasos, de donde fluye la energía para inducir el latido de la naturaleza.




Lo vemos, lo medimos y, aunque no nos sorprende la altura (16 m aproximadamente), si que nos pasma su circunferencia (5, 47 m a 1,30 m de altura desde la base). Teniendo en cuenta la gran herida que presenta, un enorme resiego en el que cabe una persona, algunos centímetros más ganaría su perímetro real. Finalmente, tras entretenernos por allí y mirando hacia abajo,al poyo de Gil Cobo, percibimos claramente por donde subía probablemente la antigua senda que por aquí pasaba para cambiar de vertiente de la misma lancha.






Desde nuestra posición, decidimos adentramos algo más, hasta encontrar el balcón perfecto de esta lancha; justo debajo las choperas nos delatan el área recreativa desde donde partimos y, delante se completa la panorámica con la Traviesa, el raso de la escalera por encima y el collado del pocico por la derecha, asombroso.




Regresamos de nuevo a la posición de nuestro gran laricio y, por allí, volcamos por donde iría la senda, por el collado que se forma, para descender hacia los espinares por un lapiaz complicado de andar. Por fin llegamos al cortijo, que llamaban de la "pariera", casi nada queda de él salvo la era que lo delata y algún pilar de los que lo sostenían. Allí, dominando el morro que aquí se forma, sobre los campos de labor que pudieron ganar al torcal, con la mirada puesta en la morra del cerezo, construyeron su casa y vivieron algunas gentes. Un poco más abajo, la tiná donde guardaban las ovejas y que antecede a la salida que tiene la senda, ahora si, en el prao de los espinares, donde la bifurcación del inicio. Desde aquí, un suave descenso, llenos de satisfacción por la experiencia y por la cerrada de San Ginés nos devuelve al punto de inicio. 











casetas de los cerros de Santa María y de Navazalto